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Las trampas del relato breve

Una de las cosas que estoy leyendo ahora mismo es el libro de relatos A Way Home, de Theodore Sturgeon. En 2011, nadie o casi nadie cree que la ciencia ficción sea un género menor; sigue, como tantas otras cosas, sin gustar a mucha gente, pero poco a poco han ido entrando títulos y autores a formar parte del canon literario más respetado, a estudiarse en las universidades, a publicarse en ediciones comentadas. Menos conocido que Philip K. Dick o Ray Bradbury, Stanislaw Lem o Arthur C. Clarke, Theodore Sturgeon, como cuentista y novelista, ocupa un lugar destacado dentro del género. Fuera de él, no. Qué tiene que ocurrir para que esto cambie es algo que aún no sé. Un primer paso podría haber sido el hecho de que Kurt Vonnegut lo tuviera siempre como uno de sus referentes, y de que su famoso personaje Kilgore Trout estuviera inspirado en él, pero por algún motivo no fue así. Nuevas traducciones en ediciones bonitas, reseñas positivas en los principales suplementos, escritores de renombre confesando su secreta admiración por su obra seguramente serían una solución eficaz.

De todos modos, he encontrado en el cuento "Special Aptitude" algunos detalles que nunca había visto en sus otros escritos, y que afean el conjunto del texto. Estamos en el siglo XXIV y el narrador confiesa que su voto para "El hombre del siglo" irá para el capitán de la nave que lo llevó, sesenta años atrás, a recoger minerales a Venus en una peligrosísima expedición. Miembros de expediciones anteriores habían descubierto que estos minerales eran el mejor combustible para la Tierra, el más duradero, ecológico y barato. También descubrieron que Venus estaba habitado por unos seres humanoides pero horribles. De ahí la presencia de militares en la expedición que rememora el narrador. Hasta ahí todo bien.

A medida que avanza en su relato, el narrador nos introduce a Slopes. Slopes es tímido, circunspecto, amable, caritativo. En consecuencia, sus compañeros -el narrador incluido- le hacen la vida imposible. Ridiculizan sus costumbres y su idiosincrasia tranquila. La mujer del narrador siente una especie de ternura maternal por Slopes. Hasta aquí, otra vez, todo bien.

Más adelante, cuando establecen contacto con los temibles humanoides venusianos, todos, como es normal, se echan para atrás y exigen que se aborte la misión. En medio de la confusión, Slopes se pone el traje y sin decir nada sale de la nave. Sus compañeros enmudecen. Helados, interpretan el gesto de su compañero como un suicidio. Se sienten culpables. Ellos hicieron que Slopes odiase la vida y que escogiese una muerte como la que escoge. Todo en la nave es silencio durante las próximas diez horas. Y hasta aquí todo sigue bien.

Pero es en este punto donde empieza a decaer el relato. Slopes, al cabo de las horas, inesperadamente, regresa. Y vuelve con una carga de minerales encima como para alimentar al planeta durante siglos. Este imposible lo solventa deduciendo ciertas cosas: primero, estos humanoides no tienen por qué ser violentos; segundo, son más grandes que nosotros y viven en condiciones climatológicas extremas, así que poco podremos hacer en caso de enfrentamiento directo con ellos; de lo antedicho infiere que lo mejor es salir de la nave, acercarse amistosamente al grupo de humanoides, y seguir como pueda las instrucciones que reciba. A los humanoides les hace gracia este ser "como a nosotros una ardilla", así que sólo tiene que limitarse a levantar un brazo aquí, estirar la pierna allí, para contentarlos, y, a cambio, recibirá los minerales que tanto necesita. Así de fácil. No sólo regresa a la nave y a la Tierra como un héroe, sino que le roba la mujer al narrador.

Si el cuento hubiese acabado cuando Slopes sale silenciosamente de la nave, si ése hubiese sido el último gesto del personaje, me hubiera parecido un gran cuento. Ese es el peligro del relato breve: hay que saber qué cortar y cuándo cortar. En todos los géneros literarios es importante, pero en la poesía y en el cuento corto, para su resultado final, se convierte en una tarea especialmente relevante, decisiva. Sin embargo, el final masticado y previsible de "Special Aptitude" acaba por arruinarte un relato que hasta entonces era poco menos que fascinante. Independientemente de la evolución inverosímil de Slopes, el lastre del relato es que todas las cosas que suceden después de su gesto ya están contenidas en su gesto. Me explico: todo el reconocimiento que recibe Slopes a posteriori lo hubiera recibido igual si no hubiese vuelto a la nave. De haberse suicidado en los hostiles páramos del planeta, sus compañeros de tripulación ya hubieran valorado su manera de ser con toda justeza. Y se hubieran tragado -una a una- todas sus burlas. Por lo tanto, el final es redundante. Y la moraleja, una moraleja indisimulada y molesta, hace que el relato no sea sino una sucesión de pasos necesarios para poder llegar a la enseñanza de turno. Tal como está, reforzada y subrayada por el autor, acaba por, como ya he dicho, arruinar el texto, haciendo, como se dice, que se le vean las costuras. El texto se empobrece y todo lo que tenía de vibrante se pierde al ver que estaba al servicio de una causa supuestamente mayor, es decir, la de aleccionar a sus lectores. 

Queda claro que el relato corto es un género exigente. Maestros como Sturgeon han caído puntualmente ante sus exigencias. Lo mismo pasa con muchos relatos de Chesterton, de Saki, de Fredric Brown.

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