martes, 26 de abril de 2011

Últimamente a ti que yéndote te vas

Ha muerto Gonzalo Rojas. El poeta que propuso una de las preguntas más pertinentes y más incontestables de la literatura del siglo XX, ha muerto: “¿Qué se ama cuando se ama?” El silencio, la tradición literaria, el amor, la muerte, su tierra, la injusticia de nuestro mundo: todo lo poetizó Gonzalo Rojas. También escribió poemas lúdicos como “Jugando a los esdrújulos”, o poemas sobre la actriz Joan Crawford, “la pintura del beso”; sobre John Lennon, “no huelas la locura de estas rosas"; y el poema en prosa titulado Paul Celan: “No hay campos de concentración en las estrellas”. Huyendo de la solemnidad y los letrados que “lo manchan todo con su baba metafísica”, Gonzalo Rojas construyó una poesía singular, fulgurante, en medio de una tradición fuertemente usurpada por Neruda y, en otro sentido, por Nicanor Parra. Poeta elíptico, dijo que los poemas hay que releerlos una y setenta veces, que la academia mata a los poetas para estudiarlos. Dijo: “veo el color de la hermosura”. Yo lo veo en sus versos vivos.

domingo, 24 de abril de 2011

¿Pero por qué pedirlas prestadas?

Link, mail y film son palabras que ya no nos sorprende encontrar en un texto, pero, existiendo en castellano otras como enlace, correo o película, es absurdo que así sea. Nos hemos acostumbrado a utilizarlas, las hemos incorporado, con naturalidad, a nuestro uso del idioma y eso no tiene mucho sentido. Usar esas palabras, insisto, es absurdo. (Sé que no es GRAN cosa, pero eso es todo lo que tenía que decir en este post esta entrada).

Estilos llanos como praderas


Jordi Carrión, en el último número de Quimera, destaca "la precisión léxica de Delibes" (en un texto donde se dirige a un lector infantil o preadolescente, al ser, la revista, una edición especial para niños), como algo digno de admirar. Completamente de acuerdo. 

Delibes, en su texto "La Naturaleza en la Constitución", incluido en esa breve recopilación de artículos que es El otro fútbol, demuestra sin pretenderlo las virtudes de un estilo llano. Sobre uno de los muchos puntos de la Constitución dice que "por querer concretar demasiado" sus párrafos resultan "incoloros y desorientadores". La clave reside en esa última palabra. (Al fin y al cabo, textos incoloros los hay a patadas, pero no por eso tienen que ser desorientadores o confusos; simplemente son aburridos). La escritura alambicada del texto -de cualquier texto- desorienta y aburre al lector, y la lectura pasa de ser un placer a un ejercicio de deconstrucción y descodificación constantes. Una prosa farragosa y obscura suele esconder poco o nada. Demostración:

El artículo original dice:

Los poderes públicos velarán por la utilización racional de los recursos y espacios naturales y de los montes y por la conservación del paisaje y de la fauna, garantizando el mantenimiento y potenciación de los recursos naturales y la protección y mejora del medio ambiente

para, después de la lectura y posterior reescritura de Delibes, quedar en:

Los poderes públicos garantizarán la utilización racional de los recursos naturales con el fin de mantener su diversidad y conservar un entorno equilibrado para la generaciones presentes y futuras
  

No sé qué más podemos añadir a la demostración que hizo en su día Miguel Delibes. Convirtió un texto ilegible en algo agradable de leer. De todos modos, no fue el único en decir algo sobre el tema. Kurt Vonnegut escribió, en Palm Sunday, un párrafo que he traducido y que ahora viene a cuento: "La sencillez del lenguaje no sólo es recomendable, sino, tal vez, sagrada. La Biblia empieza con una frase que bien podría haber escrito un chaval de catorce años: En el principio Dios creó el cielo y la tierra".

Vonnegut, Delibes, Bolaño, Rulfo, Brossa o Ernesto Cardenal, entre otros muchos, claro, son los grandes representantes del estilo llano. A Michel de Montaigne, por otra parte, podríamos nombrarlo capitán de este equipo. 

domingo, 17 de abril de 2011

Contra el Carpe Diem, un verso de Joan Brossa

Si em pinto un sol al front: no per això deixa de ploure.

Si estuviera en YouTube la entrevista que le hizo Joaquín Soler Serrano para el programa A Fondo, enlazaría un fragmento.
La verdad es que no hay nada de malo en las actitudes tipo Carpe Diem, pero, contra el idealismo ingenuo, no está mal recordar lo que decía Brossa.
Mirad, por ejemplo, el poema de la izquierda. La baraja española. La cruz gamada. El año 1975. Pintarse un sol en la frente, o no hacerlo. // (Sé que no tiene un gran sentido, lo que se dice un gran sentido publicar esta entrada, pero me impactó el verso de Brossa hace poco, leyendo Passat festes, donde aparece, y me ha apetecido colgarlo). 

miércoles, 13 de abril de 2011

Autorretrato y por qué abrí este blog

Abrí este blog como parte del trabajo final del curso de Periodismo Cultural que impartió Jordi Carrión en la Universidad Pompeu Fabra a principios de 2011, es decir, hace nada. Teníamos que escribir un artículo, una reseña y entrevistar a alguien (de ahí las tres primeras entradas). Continuaré subiendo cosas al blog, supongo, pero bueno, como digo en la última frase de esta entrada, “a ver qué ocurre”. El curso estuvo bien. Leímos a Rubén Martín G., a Pablo Muñoz, a Doménico Chiappe. ¿Podemos afirmar, pues, después de veinte horas de clase, que la curiosidad de Carrión no tiene límites? Eso parece. Me hizo gracia el día que, con algo de sorna, se refirió a Carlos Boyero como “el ínclito Carlos Boyero”, entre otras cosas porque –atención- me cae bien Carlos Boyero.
            Tralfamadore es un planeta inventado por Kurt Vonnegut en Las sirenas de Titán y cuyas idiosincrasia e importancia se desarrollan plenamente en Matadero 5. Si no habéis leído estos libros no pasa absolutamente nada, sólo faltaría, pero creo que no estaría de más que lo hicierais. A mí me encantan. Novela negra y ciencia ficción son dos géneros que me entusiasman. Y hace años que ando un pelín obsesionado con las películas de Sergio Leone y Quentin Tarantino.
            Me gusta mucho más Quevedo que Góngora. No lo tengo muy claro, por otra parte, pero es posible que el mejor poema escrito en castellano sea el “Cántico espiritual” de san Juan de la Cruz. Da vértigo. El poeta francés del siglo XIX para mí es Rimbaud, no Baudelaire. Walt Whitman y Emily Dickinson son lo mejor que ha dado el continente americano en poesía, hasta hoy al menos. Miguel Delibes es el novelista español del siglo XX que más me gusta. Y si alguien me pidiera el nombre del mayor poeta del siglo pasado daría sin vacilar el de Pablo Neruda. La última película que he visto en el cine ha sido Invasión a la tierra, de Jonathan Liebesman y, así como el Cántico de san Juan de vértigo, esto da asco.
            Sin embargo, y aunque parezca mentira, hablar todo el rato de literatura cansa. A uno le empiezan a coger sudores fríos, mareos muy raros y un intenso escozor en sitios que ahora mismo preferiría no nombrar. Lo que he querido decir con esta frase tan literaria es que no creo que hable siempre de lo mismo, ni que me ciña únicamente a escribir reseñas.
            Mi intención con el blog es ir colgando reseñas de libros que me interesen, independientemente de que sean novedades o no, artículos y textos breves más o menos relacionados con los libros o el cine. En consecuencia (qué poco me gusta lo de ‘en consecuencia’), y salvando todas las distancias (que no son pocas), esa variedad hará que “los misceláneos trabajos de este volumen”, como definió Borges a sus Otras inquisiciones, pueda aprovecharse también, pero con letra muy pequeña, para definir este blog. ¿Será este blog una cosa muy sesuda? La verdad es que no. ¿Hablaré más de poesía que de narrativa? Sin duda.
A ver qué ocurre.

lunes, 11 de abril de 2011

¡Sí a James Ellroy!


“Ellroy es capaz de bailar la conga mientras el abismo le devuelve la mirada”. Eso dijo Roberto Bolaño en su reseña sobre Mis rincones oscuros, destacando por encima de todo la valentía del autor, su capacidad para escribir sobre sí mismo con la frialdad con la que otros describirían un combate de boxeo. En su último libro, James Ellroy lo ha vuelto a hacer. Como en sus memorias, no tiene ningún reparo en hablar mal de sí mismo ni en reconocer que es celoso, posesivo y autoritario, y admite sin pudor lo que otros callaríamos. Sin embargo, el parecido con sus memorias se reduce a eso: a la valentía que requiere escribir así sobre uno mismo. Su nuevo libro no es una secuela innecesaria.

Así como en My dark places el autor reabría el caso del asesinato de su madre tratando de encontrar al asesino, o tratando, más bien, de acercarse a su madre para conocerla mejor, en A la caza de la mujer, su nuevo relato autobiográfico, Ellroy se centra únicamente en su relación con las mujeres. Una relación siempre tempestuosa, condicionada por la ausencia de su madre, que lo lleva desesperadamente a buscar en ellas el consuelo y el calor que nunca encontró en su familia. En ellas busca el amor de su madre. En ellas busca algo que le redima de su pasado, de lo que él llama La Maldición –desear la muerte de su madre tres meses antes de que ocurriera- que le persigue convertido en un paralizante sentimiento de culpa: “Mi crueldad mental se afirmó temprano”.  Nada puede hacer para salir de ello. Drogas. Voyeurismo cutre. Prostitutas. Nada sirve. Todo es una permanente huida hacia delante en este relato, una búsqueda constante que le empuja “a la locura y la muerte”.
            Y ya que no pudo salvar a su madre, ya que, de hecho, se siente culpable por su muerte, intenta salvar a las mujeres de su propio sufrimiento, cuidándolas, siendo tierno con ellas. (A este respecto tampoco sorprende su amor por la poesía de Anne Sexton, poeta torturada y herida como él). Poco a poco vamos viendo cómo es James Ellroy –o cómo éste se ve a sí mismo-, a través del retrato que hace de sus mujeres. A través de una prosa agresiva vemos que sus miedos (comprensibles) son la soledad y el rechazo. Que es incapaz de mantener una relación mínimamente estable. Que es frágil y obsesivo y hermético. Que de cada mujer ha aprendido algo pero no lo suficiente como para desprenderse de la presencia abrumadora de su madre y ser feliz.
            Como memorialista, por otra parte, es posible que nadie haya ido más lejos que Ellroy. Con el ritmo trepidante de sus novelas nos lleva al fondo de sus horrores sin caer en la autocomplacencia, sin obviar los periodos humillantes o bochornosos de su vida, sin que nada le impida contarnos su historia tal como fue. No hay asomo de compasión en su mirada. En la escritura ha encontrado tal vez su mayor consuelo.
            Así, y aunque seguramente sea de manera involuntaria, con A la caza de la mujer Ellroy ha entrado a formar parte de una lista de autores norteamericanos que dinamitan el concepto tradicional de ‘familia’ entendida como pilar fundamental de la sociedad. En Estados Unidos, con esas casas usonian que tan bien encajan en el American Way of Life, aparecen autores que rechazan ese lugar común. La familia no es siempre un núcleo acogedor, feliz. A veces es el horror. Allen Ginsberg con Kaddish, Richard Ford con Wildlife, Jeffrey Eugenides con Las vírgenes suicidas, Jonathan Franzen con Las correcciones, David Vann con Sukkwan Island y James Ellroy con Mis rincones oscuros y A la caza de la mujer acaban de una vez con esa idea. El resultado: escalofriante. 

Entrevista a Daniel García Ramos, divulgador del misterio


Quedamos en una terraza no particularmente cómoda de La Barceloneta. Una caña. Unas bravas. La grabadora. El sol de finales de invierno.


¿Cómo entraste en este mundo?

La verdad es que fue de manera bastante sencilla, sin que tuviese nada que ver con experiencias personales de ningún tipo. Todo se remonta a cuando tenía aproximadamente 10 años, más o menos, cuando iba a casa de un primo mío bastante aficionado a estos temas y, como muchas veces él no estaba en casa, y me aburría escuchando las reuniones de familia, yo curioseaba su habitación y allí comencé a descubrir revistas como Enigmas, Año Cero o Más Allá de la Ciencia. Por entonces, también daban Expediente X en Telecinco, serie a la que rápidamente me aficioné. Durante algunos años, mi interés por lo quizá mal llamado “oculto” no fue más allá de la curiosidad, del morbo y las inquietudes de la pubertad. Fue ya a partir de los 17 o 18 años cuando comencé a escuchar programas como Milenio 3 o La Rosa de los Vientos y a documentarme seriamente sobre estos temas; cuando digo seriamente me refiero a bibliografía especializada, más allá de las mencionadas revistas comerciales, que se quedan muy cortas para el lector mínimamente avezado en la materia. Y de ahí, en pocos años, acabé en la radio, primero como colaborador en algunos programas en Ràdio Sant Boi y Ràdio Despí, y luego, en 2008 y junto con un viejo amigo biólogo, decidimos dar el paso hacia la autonomía y creamos nuestro propio programa: Terra Incognita, en Ràdio Despí. Y ahí seguimos, dando guerra.
            De todas formas, si te parece, antes de seguir con la entrevista me gustaría hacer una breve advertencia o puntualización en cuanto a “lo oculto”. Como he dicho, a veces la nomenclatura es un problema. Oculto es reminiscente de ocultismo o esoterismo, temas de los que en muy rara ocasión hablamos, ya que son asuntos difícilmente contrastables; pertenecen más al terreno de la fe o lo mágico que no a lo investigable. Las etiquetas siempre son reduccionistas. De lo que hablamos, simple y llanamente, es de asuntos que, o bien permanecen sin explicación en la actualidad, o asuntos más complejos de lo que habíamos creído o se nos ha querido hacer creer, normalmente casos relacionados con el mundo del poder político o económico y la manipulación social.



¿Qué opinas de la labor de difusión que hace Íker Jiménez de estos temas? ¿Y de él como investigador?

Bueno, Íker realiza un programa radiofónico en Cadena SER desde hace bastantes años, y otro, el más conocido por el público general, en la cadena Cuatro. Esto, especialmente en el segundo caso, hace que se deba a un factor del que pende su supervivencia, la audiencia; con lo cual, a menudo para el espectador experimentado, muchas de las exposiciones o reportajes pueden parecerle cuando no pobres, directamente sensacionalistas. Y es que si no lo fuesen, perdería audiencia. Esto no es en absoluto una defensa del sensacionalismo, simplemente una invitación a considerar los productos en su contexto. Probablemente, si Íker trabajase en La 2 de TVE haría un programa mucho más profundo y especializado, pero trabaja para Cuatro, una cadena marcadamente comercial, cada vez más, y se le pide una cuota de audiencia exigente. No obstante, Íker, aparte de ser un mago de la comunicación, ha sido siempre muy astuto. Si uno ve su programa, se puede dar cuenta de que los temas más serios e interesantes aparecen siempre combinados con temas más “llamativos” y menos “serios” o profundos en cuanto al tratamiento recibido, que puedan cazar a un espectador más mainstream, que solo busque un rato de entretenimiento. Además, ha sabido darse empaque con la habitual presencia de invitados de lujo. Invitados entre los que se cuentan científicos, periodistas, psiquiatras, criminólogos y otros profesionales entre los más reputados de España.
En cuanto a su faceta de investigador, yo diría que hace ya bastantes años que no se le puede considerar como tal. Sí que es cierto que en los años 90 Íker realizaba investigaciones de campo para distintas revistas temáticas y escribió algunos libros como Enigmas sin resolver que sirvieron para que mucha gente conociese parte de la casuística española. Ahora bien, hace ya tiempo que se ha convertido más bien en lo que llamaríamos un periodista divulgador que dispone de un equipo de reporteros que se dedican a investigar para el programa y de un nutrido grupo de colaboradores que a menudo comparte y divulga sus investigaciones personales en Cuarto Milenio. En definitiva, Íker es una figura que ha sido clave para que las personas de mi generación  hoy en día nos encontremos en el meollo. Probablemente, sin él, además de otros divulgadores actuales, no hubiese saltado la chispa de la motivación entre nosotros.


¿La literatura del género es respetada en España?

Imagino que por literatura he entender ensayos o no ficción que trate dichos temas. En ese caso he de decir, que como en cualquier país, a nivel general no es que no sea respetada: sencillamente es que ni se tiene en cuenta o se desconoce. Eso en general. Ahora bien, dentro del círculo de los que sabemos y podemos demostrar que no hablamos de chorradas ni banalidades sino de cosas que realmente ocurren, digamos que hay distintos tipos de literatura en la materia: las obras de investigación serias, que se aproximan a dichos asuntos de una manera rigurosa y contando siempre con la presencia del conocimiento científico como apoyo y mecanismo de contención con la voluntad de comprender lo (por el momento) desconocido, y la literatura “hooligan” o “creyente”, que parte de unos axiomas dados, hipótesis no demostradas convertidas en creencia desde las cuales se construye un discurso. De todas formas, la mejor bibliografía, especialmente la del primer tipo, (personalmente, la única que suelo tener en cuenta), proviene del mundo anglosajón y el mundo germánico


¿Qué opinas de la recepción de estos estudios en el ámbito universitario? ¿Podrías compararlo con el de otros ámbitos del panorama europeo?


La relación de la investigación en el campo de lo paranormal (percepción extrasensorial, telekinesis, etc) o el fenómeno OVNI -los únicos campos que, a mi juicio, resulta imprescindible que sean investigados aplicando el método científico- y el mundo universitario es complicada y controvertida. Hay varias universidades españolas que han permitido que se realicen distintas investigaciones y experiencias en laboratorio pero siempre sin ir más allá de lo que digo, el permitir, el ceder el espacio, los medios, pero hasta la fecha, la iniciativa y la financiación siempre ha sido privada. El caso es que en España la parapsicología no se reconoce, al contrario que en EE.UU, Alemania, Holanda, Rusia, o Reino Unido, donde existen universidades donde se imparten cátedras en parapsicología. El hecho de que en España no se reconozca no significa que uno no pueda realizar investigaciones, o pedir a universidades españolas que analicen pruebas en laboratorio. Si uno paga, se le analizan sin problemas los objetos aportados en cuestión. Lo que ocurre, por otra parte, es que, a menudo, muchos charlatanes se quejan de que las universidades no llevan la iniciativa ni se prestan de manera altruista para el análisis de pruebas. Quizá esgriman tanto la baza de la “negativa” científica porque si pagasen lo que se les pide por el análisis, seguramente obtendrían unos resultados que contradirían las vehementes “verdades” que anuncian a bombo y platillo.


¿Qué tipo de literatura reseñáis en vuestro programa? ¿Os interesa algún género en particular?

La verdad es que reseñamos tanto ficción como no ficción. Mayoritariamente, es cierto que los libros que reseñamos consisten en ensayos o investigaciones, aunque también es cierto que recomendamos la lectura de muchas obras de ficción pertenecientes al género fantástico o de ciencia-ficción. Hemos recomendado autores de ficción como Philip. K Dick, Stephen King, Stanislav Lem, Jacques Chessex, Umberto Eco, los hermanos Strugatski o Tolkien. Así como a autores de no ficción como Victoria Cirlot, Michio Kaku, Jesús Callejo, Carlos Canales, Joscelyn Godwin, o Richard Tarnas, entre otros. Es por ello que las editoriales que más aparecen en nuestro catálogo suelen ser Edaf, Atalanta, Minotauro, Gigamesh, Nowtilus, o Siruela.



¿Si tuvieras que recomendar una serie o una película que fuese más o menos fiel al mundo de lo oculto cuál sería?

Dentro de las licencias que se permiten en el mundo de la ficción, yo recomendaría tres películas, Nos miran, Communion (mediocre pero muy representativa del absurdo que casi siempre acompaña al fenómeno OVNI), y Fire In The Sky, estas dos últimas basadas en casos ocurridos realmente (con esto no quiero decir que la naturaleza real  de lo que vivieron realmente los testigos sea lo mismo que las conclusiones que sacaron o las interpretaciones que hicieron los testigos de dichas vivencias, asunto muy controvertido y clave en la investigación del fenómeno). Por lo que respecta a series, dos imprescindibles: Expediente X y Twin Peaks.  Por recomendar alguna actual: Fringe.



Pagamos las consumiciones. Damos una vuelta por el barrio. Empezamos a hablar de otras cosas. Me cuenta que una vez, en una librería de viejo, encontró una antología de poesía de ciencia ficción titulada Sci-Fi Poetry, pero que, por una de esas cosas, no la compró. Días después, cuando al fin se decidió, el libro había desaparecido. Seguimos caminando hasta el Bar Leo, que está cerrado, y no entendemos por qué. Luego, cada uno se va por su lado. Perdura el sol de finales de invierno. Eso es todo.

miércoles, 6 de abril de 2011

Reinterpretemos, por qué no

En el último de sus Nueve ensayos dantescos, Borges escribió: “sospecho que Dante edificó el mejor libro que la literatura ha alcanzado para intercalar algunos encuentros con la irrecuperable Beatriz”. En el poema, “una sonrisa y una voz, que él sabe perdidas, son lo fundamental”. Es decir, como en vida fue imposible, Dante, para encontrar algo de consuelo, escribió un poema donde se juntaba felizmente con Beatriz; ése es, según la lectura sentimental que hace Borges de la Divina Comedia, el propósito último del poeta. Borges considera que lo demás, todo lo demás, para Dante, son intercalaciones. Lo que está haciendo es plantearnos que leamos el vasto poema dantesco como el mejor poema de amor jamás escrito.

Siguiendo su ejemplo, podemos leer otras obras o a otros autores en clave sentimental. Ya lo hizo Bolaño en Entre paréntesis con el Quijote. Dijo en el “Discurso de Caracas”: “…recuerdo aquella página del Quijote en donde se discute los méritos de la milicia y la poesía, (…) y Cervantes, que fue soldado, hace ganar a la milicia”. Para Bolaño, se puede percibir en esas páginas “un fuerte aroma de melancolía, porque Cervantes hace ganar a su propia juventud”.  Visto así, todo el libro está lleno de intercalaciones, digresiones, historias y sub-historias que no son sino un pretexto para poder escribir esas páginas (las que realmente le importaban), en donde ensalza su juventud, y todo aquello que perdió en su juventud. Ambos autores crearon la realidad que necesitaban. El primero vio su amor cumplido; el segundo hizo ganar a su juventud y homenajeó a sus pérdidas.

La verdad es que no podemos saber qué quisieron decir, íntimamente, estos autores con sus libros, pero nada nos impide hacer una lectura más emotiva que racional. Y seguramente habrán otras interpretaciones más interesantes, de carácter estrictamente intelectual (no quiero pensar lo que diría Martí de Riquer si leyera esto), pero ¿por qué no leer así, de vez en cuando, los libros más famosos?

Cosa que nos lleva a lo siguiente

Entre otros encantos, la lectura sentimental nos permite ampliar el significado de lo que entendemos por kafkiano o dantesco. Manuel Vázquez Montalbán, en una entrevista televisada, definió lo kafkiano como una situación cargada de absurdo. Y en El escriba sentado escribió que “lo kafkiano nominó el horror a la vez abstracto y concreto de nuestro tiempo: la posibilidad de que extrañas fuerzas internas y externas nos llevan a la desidentificación”. Harold Bloom, por su parte, escribió en El canon occidental que, “ciertamente, kafkiano ha adquirido un significado siniestro para muchos de entre nosotros”.

De todos modos, la mejor advertencia para entrar en Kafka, a mi juicio, la dio Albert Camus en el último capítulo de El mito de Sísifo, donde sugiere que lo más indicado es “empezar la obra sin ideas preconcebidas”, y que “sería un error quererlo interpretar todo en Kafka”. En realidad, me parece un acercamiento adecuado, éste que propone Camus, para la obra de cualquier escritor (o creador). Estoy de acuerdo con las interpretaciones anteriores, pero sólo en parte. Sí, cierto, el absurdo y lo siniestro son dos constantes en la obra de Kafka; también, kafkiano es el ser que, por diferente, es despreciado y castigado con cualquiera de las formas de la incomunicación (como ocurre en La metamorfosis o en la Carta al padre). En cambio, en el cuento “Una cruza” vemos una atmósfera parecida a las amables fábulas de Esopo, por ejemplo, y no a la de los mundos habituales de Franz Kafka.

El protagonista del relato recibe en herencia un animal mitad gato, mitad cordero, pero, contra todo pronóstico, asimila la extrañeza de este regalo con orgullo porque es “todo un espectáculo para los niños”, que, fascinados, no sienten asco, miedo o rechazo como por otra parte sí sentía la familia Samsa cuando Gregor, tras pasar, como sabemos, una noche intranquila, se despertó convertido en, bueno... aquello. Aunque, tal vez, la mejor prueba de que estamos ante el contrario exacto de lo que comúnmente entendemos por kafkiano no sea la cálida acogida del animal por parte de los niños, sino la actitud de quien posee este animal indescifrable al considerar que “esta parte de la herencia es algo como para lucir”. Es decir, no sólo no se castiga la extrañeza, sino que se ve como algo por lo que sentirse orgulloso. Lo que, en otros relatos del mismo autor, desgasta emocionalmente al personaje hasta anularlo por completo, y provoca repulsión a terceros, curiosea aquí a los niños. Lo kafkiano ya no tiene nada de siniestro en “Una cruza”. Ya no es imposible la verdadera comunicación con el otro, como sí ocurre en otros cuentos como “Jinete en un balde” o “Una confusión cotidiana”. La rareza o la extrañeza del otro se asimila aquí sin mayor problema. Ahora es Kafka el que crea la realidad que necesita.

No obstante, lo cierto es que, presos de un ataque de pesimismo incontrolado, o por mera costumbre -no lo sé- tendemos a asociar los adjetivos derivados de los nombres de estos autores (Kafka y Dante) a situaciones y geografías exclusivamente pesadillescas. Al hacerlo, estamos interpretando sus obras de manera parcial, olvidándonos de otras posibilidades de interpretación y significación que igualmente proponen. Claro que hay situaciones dantescas y kafkianas (lamentablemente), en el sentido al que estamos acostumbrados. Lo que quiero decir es que nadie duda que esos epítetos sean negativos (cuando, como digo, no tienen por qué serlo) y hemos encaminado nuestra lectura de sus textos para que siempre sea así. Parece que ya le hayamos adjudicado un significado definitivo a palabras como kafkiano o dantesco, cuando, realmente, contienen otras lecturas tan sugerentes y estimulantes como las que ya conocemos.

Según Borges, “la más indiscutible virtud de Kafka es la invención de situaciones intolerables”. Sin duda esa es una de sus virtudes. De lo que no estoy tan seguro es de que sea “la más indiscutible”. Como se ve en el cuento anterior, lo kafkiano significa también lo contrario de todas esas lecturas, así como lo dantesco, como dijo Ernesto Cardenal en unos versos de su poema Cántico Cósmico, significa tanto lo infernal como lo paradisíaco: 
Ojos aquellos que volver a ver
sería como que la luz volviera para atrás.
Junto en mi canto triste astrofísica y amor.
Ojos color de oro eran los de Mireya.
Mireya mi amor de infancia en las playas de Poneloya.
Fue mi Beatriz. De ojos dantescos
que no sólo es lo dantesco un bombardeo, un terremoto.
Dantesco es también el Paraíso.
Y mi Mireya, dantesca.

En la complejidad y la vastedad de la Divina Comedia encontramos una descripción temible del Infierno, pero también de la cara más amable del Paraíso y de la vaguedad del Purgatorio. Sobreponerse a lo que convencionalmente se entiende por estos términos es un gesto que corresponde al lector porque, como dice Cardenal en otro poema, Versos del pluriverso, “Mi decisión de cómo observar un electrón / cambia al electrón”. Así, la imagen de un autor cambia dependiendo de qué aspecto de su obra resaltemos.

Hablo de un proceso similar a la reflexión que hace Borges sobre la influencia literaria en “Kafka y sus precursores”, uno de los mejores ensayos de uno de sus mejores libros de ensayo: Otras inquisiciones. “El hecho es que cada escritor crea a sus precursores”, dice Borges. Parafraseándolo, quedaría en “El hecho es que cada lector crea al autor”. Es nuestra lectura la que hace de Dante y de Kafka dos grandes poetas de la barbarie.

Sin embargo, después de una lectura sentimental como la que describía al principio, podemos multiplicar los significados que nos ofrecen los términos ‘kafkiano’ y ‘dantesco’, porque ese abanico de posibilidades ya está en sus obras, y la aparente contradicción que hay en describir algo agradable con el adjetivo kafkiano o dantesco se desdibuja en el momento en que esa contradicción ya está presente en sus escritos.

Como hicieron Borges y Bolaño, que releyeron a Dante y a Cervantes bajo una nueva luz, una luz poco conocida pero que estaba ahí. Centrarse, como ellos, en los lugares más recónditos de la obra de un autor no nos garantiza una lectura cabal. Pero obviar esos lugares tampoco.

Entiendo que un cuento de dos páginas no cambiará nuestra visión de Kafka. El hecho es que al menos una pequeña parcela de su obra trataba la extrañeza con dulzura, y eso, a mi modo de ver, es tan ‘kafkiano’ como la absurda detención de Josef K. en El proceso.  Inevitablemente reducimos la capacidad que tienen estos autores para definir el mundo, o nuestro tiempo, al emparentarlos a un solo registro. “Cuando en parte era otro del que soy”, dijo Petrarca. Eso mismo podrían decir –si realmente pudiesen decir- Dante y Kafka al ver sus nombres asociados a lo que normalmente los asociamos. También hay situaciones más amables que esperan que digamos de ellas, con toda la razón, que son dantescas, kafkianas. O quizás, posiblemente, la definición de estos adjetivos quede “en el otro lado del conocimiento”, como dice W. S. Merwin en uno de los poemas de su último libro, y no logremos nunca definirlos en su totalidad.