miércoles, 29 de junio de 2011

Un monumento del que alejarse

She cannot build her sorrow into a monument / and walk away from it.

En The hawk in the rain (El halcón en la lluvia), de Ted Hughes, está este verso (que paso a traducir).  

"Ella no puede transformar su dolor en un monumento /
y alejarse de él".

La protagonista del poema, madre de un soldado asesinado, es absolutamente incapaz de desprenderse de su dolor, de la omnipresencia de su hijo muerto, y vive y malvive aferrándose tercamente a un momento, el del entierro, "que podría aniquilar a cualquier espectador". Hay que, como dice Jorge Riechmann en uno de los poemas más breves de sus Conversaciones entre alquimistas, "no aferrar / dejar ir"; o, como dice Bob Dylan en "It's all over now, Baby Blue", "forget the dead you leave, they will not follow you".

En El dios reflectante, primera de las excelentes, hilarantes e impactantes novelas de Javier Calvo, uno de los personajes dice lo siguiente: "La única frase que conoce el dolor es: Hacedme sitio". Bien. Quiere su huequecito, su espacio. De acuerdo. Pero, frente a esa actitud beligerante de El Dolor, lo que dice Montaigne: "el dolor no ocupa dentro de nosotros más espacio que el que le hagamos". Así, sabemos que necesita su espacio, como dice el personaje de Calvo, que quiere y exige su lugar dentro de nosotros, pero también vemos que no hay que ceder ni amedrentarse ante su voluntad expansiva. Que hay soluciones. Que tiene freno. Con estos datos, la tarea de convertir la materia de la que está hecha El Dolor en monumento, se convierte en una tarea mucho más concreta y accesible.

Por otra parte, de la misma manera que la protagonista del poema de Hughes, Jack, al final de Perdidos, lucha por aprender a dejar ir el cadáver de su padre. Y la lucha de Leonardo Di Caprio, tanto en Shutter Island como en Origen, es por desprenderse del lastre de su viudedad. Tiene que construir ese monumento y alejarse de él sin piedad, sin compasión.

Hay que dejar ir. Hay que seguir viviendo después de estas cosas. Neruda dijo en Fin de mundo: "Mi deber es vivir, morir, vivir". Desprenderse y dejar ir para poder vivir. Ah.

martes, 7 de junio de 2011

Coda

He encontrado, en el último libro de Juan Gelman, unos versos que están relacionados con lo que comentaba en la entrada anterior. Son los primeros versos del poema que se titula curiosa, simplemente, "Qué":

Los que son
en un pedazo de silencio, 
ésos palabran de verdad.


Estos versos, a su vez, recuerdan a una de las Voces de Antonio Porchia: "Toda persona anónima es perfecta."

Ser en un pedazo de silencio, cubrirse con el anonimato. O bien: construirse un personaje público, una marca, una careta que deforma. No parece que hayan muchas opciones más.