miércoles, 20 de julio de 2011

Graciosas variaciones (o la entrada chorra de este mes)




Cuando empezaron a llegar las primeras películas de Marlon Brando a España, la gente tuvo una idea. Vieron que el nombre era harto difícil de pronunciar, que uno podía marearse o herniarse si lo intentaba. Así las cosas, el actor pasó a convertirse en Melón Blando, mucho más asequible y gracioso que el complejo nombre original. Lo mismo sucedió con Frank Sinatra, el enclenque mafiosillo, cuyo nombre presentaba serios problemas para nuestros abuelos y abuelas hasta que castellanizaron su nombre y lo convirtieron en Flan Sin Nata, y ya siempre fue Flan Sin Nata.



Es una manera como cualquier otra de familiarizarse con la realidad, asirla mediante el lenguaje y conocerla mejor. Una manera popular de hacer lo que hacen los eruditos y los poetas, que es poner nombre a lo desconocido para que deje de sernos hostil y ajeno. Es el mismo proceso con la misma intención. A mí me gusta referirme a estos actores con sus nombres graciosamente variados.

martes, 12 de julio de 2011

Cambios no muy drásticos

Desde Tralfamadore, me doy cuenta, era un título que, si no tenías el referente, o sea, si no habías leído Matadero 5, no significaba realmente nada. Para la revista que hoy conocemos por el divertido nombre de Mamajuana! yo había propuesto como título Queridos Amigos. Nadie, más o menos, me tomó en serio. Al crítico Marc García, a quién menciono en la entrada anterior, le entraban poderosas arcadas cada vez que se lo comentaba. Sin embargo, es un título que me gusta. Tiene todo el significado del mundo, vengas del campo que vengas. Así, he pensado que, si bien no funcionó para Mamajohnny!, al menos puede funcionar para este blog que casi nadie lee.

lunes, 11 de julio de 2011

Sobre una escena de Once Upon a Time in the West


Hasta que llegó su hora es el título que le pusieron en castellano. He debatido con mi amigo Unai Velasco, poeta, crítico literario y co-creador (junto con mi también amigo Marc García García) de la revista electrónica Mamajuana!, alias Mamajohnny! (como nos recuerda Ainhoa Rebolledo en su blog), sobre la carga de machismo que hay en la película. Él, para sostener su insultante tesis, se remite a la escena final de la película, donde Claudia Cardinale, núcleo absoluto de la historia, les sirve agua a los trabajadores. Lo ve como el triunfo del hombre sobre la mujer. Como si el director la relegase a la servidumbre habitual a la que suele relegarla el género.

Sin embargo, para contraatacar y defender a Sergio Leone, acudo a una escena anterior. Una de las primeras escenas, cuando aún estamos conociendo a los personajes y no sabemos muy bien qué relación hay entre ellos. (Vamos a ver cómo resumo esto).

Henry Fonda y sus secuaces asesinan a una familia. El padre, viudo desde hace seis años, prepara la mesa y la comida junto a sus hijos porque esperan a Claudia Cardinale. La esperan con diferentes grados de ilusión porque se van a casar y no todos los hijos entienden que el padre rehaga su vida con otra mujer que no es su madre. Cuando Cardinale llega al pueblo, Fonda y sus secuaces ya han hecho lo que tenían que hacer. El Dolor entra en escena. Cardinale mantiene la compostura con heroísmo, con dignidad. Al fin, cuando está sola en la que hubiera sido su nueva casa, se estira en la cama. Es una de esas camas antiguas con las cuatro patas altas, tan altas que casi rozan el techo. Una tela semi-transparente une, por la parte superior, las patas de la cama. A estas alturas de la escena la música de Ennio Morricone ya está derritiendo a los espectadores. Cardinale, en la cama, empieza a llorar. Leone, con la cámara, se aleja progresivamente hacia arriba hasta que sólo vemos la silueta de la actriz a través de la tela semi-transparente, y funde a negro.


Interpreto esta escena como un homenaje a la mujer. Leone nos está diciendo: déjala a solas con su dolor. Te voy a mostrar que está herida, pero no te regodees y no quieras saber más de la cuenta. Hemos de respetar su sufrimiento. Un director que protege a su personaje de la agresión del público no me parece un director machista. Machista lo sería si nos mostrase un primerísimo plano (tan característicos de Leone, por otra parte), de las lágrimas de la mujer. Quiere que le dejemos su momento de intimidad, y que su tristeza sea sólo suya. Trata con ternura y respeto y amor a su personaje, defendiéndola de nuestra mirada de voyeur morboso.

Por una escena como ésta no entiendo la lectura machista del final. Al contrario. Al final de la película es Claudia Cardinale la que trae la civilización -representada por el tren- al pueblo.

Cuando veo la película, recuerdo uno de los poemas de Fragmentos de un libro futuro, de José Ángel Valente: "Alrededor de la hembra solar aún sigue girando oscuro el universo".

Y Charles Bronson y Jason Robards, los otros protagonistas, también giran alrededor de Claudia. Cada uno con su historia y sus motivos a cuestas. Ellos giran a su alrededor.