domingo, 24 de junio de 2012

Otras maneras de entender un género

Me gusta el modelo de entrevista que plantea Vázquez Montalbán en Mis almuerzos con gente inquietante. Un tipo de entrevista subjetiva e intervencionista basada en el recuerdo del encuentro antes que en una supuesta fidelidad mimética al entrevistado.

Al transcribirlas a partir de los apuntes que toma a lo largo de la conversación y a partir del cariño de su memoria, se alejan de la típica entrevista al uso. De esta manera, se contraponen a lo que podríamos llamar entrevista objetiva, donde el entrevistador, grabadora mediante, reproduce con escrupulosa fidelidad las respuestas del entrevistado y, si hay un texto introductorio, suele ser una pincelada fotográfica del personaje en cuestión, pero nada más. Aquí sin embargo el marco es distinto.

“Los almuerzos propician sinceraciones completamente falsas (...) pero su tono de sinceridad es sumamente interesante para el observador”.

Y ahí ha ido a parar el escritor.

Estas entrevistas, por el hecho de ser subjetivas, tendrán detractores. El entrevistador ya no es un muro sobre el que rebotan las respuestas y la actitud del personaje; es el que se encarga de orientar nuestra lectura del personaje. Leemos pues a la manera de Vázquez. Pero no solo eso.  

No hablamos de falsear la realidad física y circunstancial del entrevistado, sino de leerlo con otros ojos críticos. Es ahí donde florecerán las discrepancias con el modelo de entrevista. Ingenuamente se podría decir que el autor nos impone su sensibilidad. Cuando no es así. Nos ofrece lo que sus personajes son para él. Nos ofrece su visión particular (y agradecida) del personaje, no lo que son o deberían ser para todos nosotros.

Tenemos la ventaja de poder asistir a las dobles lecturas que extrae el autor de sus entrevistados. Les saca punta y entendemos el carácter inquietante que solo él supo verles. Así, podríamos decir que asumimos la lectura que hizo Montalbán del personaje antes que al propio personaje. Como si fuesen el fruto de su sensibilidad noveladora. Como si estos textos fueran ventanas abiertas desde donde asomarse a ver lo que ocurría a ojos de Manuel Vázquez Montalbán en la España de la Transición.

El gesto es arriesgado pero creativo y es una aportación enriquecedora a un género proclive a estancarse en una forma limitada. Aceptarlo o no es cosa nuestra.