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Desde Marte con amor

Parafraseando al Rodrigo Fresán de El fondo del cielo, cuando matizaba que la suya no era una novela de ciencia ficción sino con ciencia ficción, podemos decir, con un parecido grado de repelencia[1], que Marte no es una película sobre el planeta rojo, sobre su historia y sus características, sino ubicada en Marte. Nada más. De ciencia ficción tiene poco.

Los responsables de esta película se posicionan abiertamente: (también) hay bondad en el ser humano. Es una película sobre la solidaridad, sobre el amor al prójimo, una película en la que la colaboración y la complicidad entre personas (o entre programas espaciales enfrentados, como el americano y el chino), pautan el comportamiento humano. Reorientan los proyectos espaciales, suspendiéndolos o modificándolos para salvar la vida de una única persona, y prevalece esta solidaridad sobre cualquier otro objetivo. Se podrá objetar que la inversión de tiempo y de dinero para salvar a un solo náufrago cuando en la Tierra hay tanta miseria es, como mínimo, cuestionable. Objeción equivocada. Estamos ante una película y una novela que afirman la vida, como decía Jorge Guillén, y está bien que así sea. (Algo cursi pero cierto).

Por ejemplo: la estimulante desobediencia de uno de los altos jerarcas de la NASA al mismísimo director de la NASA demuestra que el ordenancismo imperante no tiene la autoridad necesaria para frenar las ganas de vivir de uno y las de rescatar de otros. 

Como siempre pasa, Ridley Scott y Drew Goddard amputan algunas partes de la novela. La traslación al cine es impecable, pero algunos detalles omitidos hubieran configurado mejor el dibujo de los personajes. Pienso en la mención, sucinta pero absolutamente emocionante, a los padres del astronauta Watney, o en las pullas internas entre los trabajadores, inconcebiblemente listos, de la NASA, o en la decisión que toma la comandante de la nave respecto a su tripulación en el caso de no conseguir su objetivo. Son detalles que hubieran ahondado sus personalidades. (Otro ejemplo: molesta ver cómo han edulcorado el lenguaje soez de Watney. En la película podría haber sido tan gracioso y revelador como lo es en la novela).

No es, yo diría, y aquí creo que difiero de algunas críticas, una película en la que se perciba la maestría de Scott tras las cámaras. Si hay empuje y decisión, es gracias al guión de Drew Goddard y su excelente adaptación de la novela. No quiere lucirse Ridley Scott como hizo, cuanto a apartado visual se refiere, en Prometheus. Lo ha dicho Javier Ocaña en su crítica y estoy de acuerdo: ha querido rebajar el tono trascendente, cerebral, de películas como Gravity, Interstellar o su propia, renqueante, Prometheus, para acercar su historia a las sacudidoras emociones de los relatos de aventuras. No ha movido la cámara con la incisiva intencionalidad de otras de sus películas. Pero tiene sentido: no es una película atmosférica, es el retrato de un personaje abandonado. Ha encontrado el equilibrio entre la dirección compacta, ceñida a la realidad, y el tono épico. El diseño de producción de los interiores es un buen ejemplo de esta vocación contenida. Ya no hay desvíos electrónicos futuristas. Todo está calculado con tecnología del presente. (Ya dijo Andy Weir que su intención era escribir una novela sobre un naufragio en Marte tal y como sucedería hoy mismo, no quince ni cien años en el futuro). Y Marte, como han señalado otros críticos, luce en pantalla con ese brillo colorado, frío, que le presuponemos sin haberlo pisado nunca, llegándonos como si lo hubiéramos pisado hace ya décadas.

Con esta película Matt Damon consigue que nos olvidemos de El caso Bourne y sus secuelas, de El indomable Will Hunting, Persiguiendo a Amy y hasta de Infiltrados. Como Tom Hanks en Náufrago, se encuentra ante un papel que es todo desafío: le falta la contrapartida de la réplica. No tiene a un personaje delante que estimule o potencie su talento, que matice sus gestos, que module sus inflexiones, que complemente sus silencios, que colabore para crear un binomio interpretativo. El personaje que (no) tiene delante es una fría cámara sin ojos, así que todo tiene que autogenerarlo él. Así nos llega su divertida alergia a la música disco y su irreverencia con el mismo vigor con que nos llegan su nerviosismo, su inquietud y su inventiva. Su pasión por vivir estalla sin afectación alguna. Su fuerza es todoterreno. Esta película ha sido para Matt Damon lo que para Sandra Bullock fue Gravity.

(Hago un alto en el camino: demasiado previsible la aparición de la canción "Starman", de David Bowie).

También hay que destacar la interpretación de Jeff Daniels, a mi juicio el mejor de los secundarios, en su papel de expeditivo, resolutivo, pero algo cobarde, director de la NASA.

Algunos personajes secundarios quedan desaprovechados si los comparamos con la gracia, con el salero que tienen en la novela (pienso en Mindy). Se han querido centrar en el protagonista, cosa comprensible si pensamos que en Mark Watney tenemos a uno de los mejores personajes literarios del siglo XXI, si percibimos que es una fuente de personalidad y un imán. (Estuve días, al terminar el libro, echando de menos su actitud, su constructiva personalidad). Destaca su agresiva voluntad de vivir, su tenacidad, su tesón y su emocionante perseverancia frente a otras emociones, de carácter más indigestamente lacrimógeno, que quedan fuera. (Se podría reprochar que ese buen humor rebaja la gravedad de la situación y por tanto su credibilidad, pero no es así: enfoca la situación con arrojo y valentía. No todo tiene por qué ser trágico). Andy Weir implanta en la novela unos narradores múltiples que son los mimbres de una historia que crece, que se hace grande, que nos hace conocedores de datos que el protagonista aún ignora (ironía dramática), con el estómago encogido y una sonrisa en la cara. La traducción cinematográfica es el montaje en paralelo de las escenas marcianas con las terrestres, logrado sin altibajos en el ritmo. Pocas veces hemos visto una comunión tan natural entre novela y película.

Esperaremos que su siguiente novela herede la fuerza y el carisma de esta The Martian y nos haga reír otra vez con su escritura fresca y vitalista. Mientras tanto, como aperitivo, podremos leer su cuento "The Egg", y esperaremos que Ridley Scott mantenga esa garra que por otra parte no le veíamos desde American Gangster.   



[1] Perdón por la bordería. 

Comentarios

  1. Collonut article! Ara tinc ganes de llegir-me el llibre i de mirar la pel·lícula!
    Totalment d'acord en que American Gangster és el millor que ha fet Ridley Scott els darrers anys, i ja en fa deu...

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  2. Sí, amb aquesta pel·lícula torna el Ridley narrador pur. (Tot i que el llibre és millor).

    Una abraçada!

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