miércoles, 4 de marzo de 2015

Your ass used to be beautiful

Eso le dice Sam Jackson a Robert De Niro en Jackie Brown. Lo mismo le podríamos decir a Blog de Cine.

Para estar informado de las últimas novedades, para ver tráilers y avances, para descubrir filmografías semi-clandestinas, para saber qué opinan sobre la película que acabas de ver, para debatir con otros lectores y para cuestionar las impresiones propias y así ampliar el círculo de nuestro entendimiento, para incorporar herramientas antes no usadas a nuestra tarea de comentador de películas o textos, para obtener datos desconocidos, para conocer otras revistas o focos de reflexión sobre cine, para enfadarse un poquito o alegrarse otro poquito: para todo eso es útil frecuentar Blog de Cine.

De título poco esmerado, este blog colectivo hace tiempo que renquea. El núcleo duro lo conforman Alberto Abuín, Juan Luis Caviaro, Mikel Zorrilla y Pablo Muñoz. Lucía Ros se encarga de cine español y Sergio Benítez, que en su momento le dio un agradecido tratamiento de desfibrilación, ha vuelto hace poco después de un paréntesis. “Añorando estrenos” es el nombre que le dio Alberto Abuín a esa sección casi obligada que, fiel, puntual, aparece en las revistas de autoría compartida donde se rescatan títulos antiguos, directores desconocidos o filmografías injustamente infravaloradas. “Hay más cine ahí fuera”, título de resonancias noventeras y más concretamente mulderianas, es el generoso espacio dominical, compartido por todos los colaboradores, donde pasan lista a lo que se ha ido escribiendo sobre cine en otros paraderos de la red. Tiene también su particular apartado de necrológicas, y hacen encuestas para saber qué opinamos sus lectores sobre el sueldo milmillonario de Scarlett Johansson, o para que debatamos en la sección de comentarios sobre los intérpretes menos rentables del año en curso. Con esto, grosso modo, el esqueleto y la personalidad del blog ya están configurados. Lo que necesita ahora es un cambio.

Algunos participantes irascibles, algo explosivos, han atacado el carácter un poco tontorrón y sobre todo la intrascendencia absoluta de estas encuestas, y los autores del blog se defienden arguyendo que es información y que el blog está para reseñar pero también para difundir todo lo relacionado con el cine. De acuerdo: pero nada aportan estas encuestas, no tienen ninguna vocación crítica ni de difusión de conocimiento: son pura nada. Una tontería que lo único que pretende es captar lectores a través de las herramientas facilonas del cotilleo. (Se les nota en este sentido una actitud interrogante a Caviaro y a Zorrilla: ellos lideran este apartado). También es abusiva la multiplicada presencia de tráilers y teasers. No por el hecho en sí de colgarlos, sino porque suelen ir acompañados de un textito que nos incita a verlos y opinar, y nada más. Bien: sería recomendable un texto que cuestionase y que diseccionase lo visto en el tráiler. O que lo contextualizara de manera más o menos ilustrativa. Sí, nadie obliga a nadie a leer estas cosas, pero eso no es argumento para defender el vicio de colgar inanidades. Inanidades como la primera imagen de una película que saldrá de aquí tres años cuando se acabe la postproducción de la secuela que están ideando los seis guionistas de la precuela del clásico de turno de los años setenta. Estas pseudonoticias son a la crítica de cine lo que la prensa rosa a la prensa general. Se agradecería algo más de reflexión.

Alberto Abuín lleva casi diez años escribiendo en Blog de Cine. De fuerte personalidad, atrevido y moderadamente provocador, tiene en su sección de rescates su mayor fuerte. Es un gesto arriesgado escribir sobre una película del año 41 de Delmer Daves que nadie ha visto, y él lo hace con total naturalidad, como si estuviese escribiendo sobre cualquier otra película de conocida trayectoria crítica. Gracias a él hemos visto películas que antes desconocíamos. Gracias a él hemos leído con otros ojos sobre directores que creíamos superados por el tiempo. (Inciso: la mejor crítica de Gravity es suya. Me encantó la lectura que hizo de la película, con una interpretación creativa que no me esperaba y que, desde entonces, domina mi recuerdo de la película). Y es valiente escribir sobre cine antiguo en un medio en el que el número de visitas o la cantidad de comentarios que genere tu entrada es la vara de medir el éxito. El éxito es un guarismo elevado. Y a Abuín le da igual. De todos modos, parece que escriba de prisa y corriendo, sin trabajar demasiado la escritura, la prosa, y aunque en muchos de sus textos encontremos ideas interesantes no es, en general, un crítico brillante, lo que se diría verdaderamente brillante. Sí tiene personalidad y es valiente, y al menos no incurre en la ya insoportable manía de colgar pequeñas noticias irrelevantes. Se ha especializado en necrológicas y ha escrito unos cuantos especiales sobre western o cine negro, siempre curiosos y agradables de leer.

Con Juan Luis Caviaro y Mikel Zorrilla la cosa es más delicada. Han caído en la más laxa autoexigencia (esto es, ausencia de la misma), y rara vez escriben una reseña y todavía más rara y única es la vez en que esta es interesante o aporta un punto de vista medianamente diferente. No digo que no sean capaces de escribirlas; digo que la relación reseña trabajada/texto irrelevante es de una descarada desproporción en favor de lo olvidable. Tampoco usan el corrector ortográfico y también parece que escriban con prisa. La riqueza léxica de un Jordi Costa o la prosa, llena de meandros y recodos, de un José Luis Guarner, no les mejora como críticos, pero sí que los hace más compactos y seductores y admirables. No pasa esto si hablamos de Zorrilla o Caviaro. Les sigo leyendo pero no hay nada nuevo nunca en nada de lo que dicen o hacen. Pareciera que han perdido la vocación. En su texto “Birdman y la crítica”, de dos párrafos, Caviaro hacía mención a la escena en la que Michael Keaton se acerca a la temida crítica de cine para desgranar una pequeña reflexión sobre el papel del crítico. Simplemente dice que sobran los críticos virulentos. Nada más. Pues muy bien.

Lo que estuvo claro es que la llegada salvadora de Sergio Benítez fue vista por todos como eso: lo que necesitaba, para reanimarse, un blog anémico y narcotizado. Benítez me gusta. Tiene un estilo algo recargado, y en ocasiones un poco solemne, como cuando emplea las fórmulas “el que esto suscribe” o “servidor”, pero me gusta. Además, pasa como con Vicente Luis Mora: lees sus textos y les ves a ellos trabajando duro para poder escribirlos. Aunque documentados a veces en exceso (se intuye el uso de la Wikipedia por la proliferación de datos tan exactos como innecesarios), sus textos son siempre una alegría por la mañana. Y se agradece (y admira) su decidida perseverancia. Su especial de cine cienciaficcionesco ha sido y sigue siendo un gratificante paseo por el género, como también lo fue, para mí, su especial sobre James Cameron o Robert Zemeckis.

Y con Pablo Muñoz llegamos al que para mí es el mejor crítico del blog. Además, me gustan sus gustos. A veces peca de rápido y de dar por sentadas ciertas cosas, y de no pasar el corrector, pero son pecadillos francamente disculpables. Estamos ante un autor que lleva muchos años escribiendo mucho sobre cine (y literatura), y ha demostrado tener un pensamiento sólido, original, y lo ha sabido expresar con una escritura refrescante. Y ha sabido ver con originalidad y, sobre todo, con argumentos, las gracias escondidas de películas que, de no ser por su visión de las cosas, no hubiera sabido ver. Menos prolífico que sus compañeros (aunque más que Lucía Ros), Pablo también trabaja sus textos y ha escrito algunos de los mejores artículos del blog. Cuando se lo propone, destaca.


Útil para muchas cosas, Blog de Cine, de título que no siempre cumple lo que promete, es muchas cosas, pero necesita un revulsivo. Hay que abandonar ya la costumbre de colgar noticias y encuestas y teasers de la última película de Channing Tatum. O hacerlo pero acompañarlo con un poco de esfuerzo. Y si buscamos el origen de su merecido desprestigio actual (solo hay que leer los comentarios de casi cada entrada), lo encontraremos anclado en la desidia de algunos de sus autores.