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Los precursores tienen la palabra

El ser humano se enfrenta a un mal insospechado en Phase IV: las hormigas. La composición geométrica de Saul Bass, el director, y los colores psicodélicos y los estridentes efectos de sonido, consiguen, a la vez, una obra espectacular y un incisivo análisis de la ambición humana. Preguntarse por cómo estos insectos han podido representar una amenaza real para los humanos es muy lícito: liberadas al fin de la atrofia intelectual que les provoca hibernar, su evolución puede avanzar sin trabas hacia unas cotas de sofisticación superior a la humana. En Ciudad, triste libro de Clifford D. Simak publicado en 1952, es decir, 22 años antes que la película de Bass, ya asistimos a esa misma emancipación de las hormigas. Cuando se liberan del impedimento evolutivo que implica la hibernación, ellas, las hormigas, en la novela de Simak, en la emotiva y desgarrada novela de Simak, también dan un paso adelante con respecto a la humanidad. El mismo caso con la misma explicación. Vaya por dios. 

Eon, de Greg Bear. ¿Qué pasa con Eon, de Greg Bear. Esto pasa: "El asteroide era más largo por dentro que por fuera." El asteroide de la novela es más largo por dentro que por fuera, esto nos queda claro. Y no se queda ahí la cosa: el asteroide está lleno de túneles y ciudades interiores abandonadas y los científicos -todos muy inteligentes- no saben qué pensar, ni qué hacer, ante esa incomprensible paradoja del espacio. ¿Existe, en la narrativa americana más o menos reciente, una anomalía física parecida? ¿Puede ser que nos recuerde un poquito a lo que hizo Mark Z. Danielewski en La casa de hojas? ¿Que nos recuerde un poco, así como de pasada? ¿De refilón? ¿Algún eco? ¿Nada, alguna cosita de nada? ¿Tiene elementos parecidos o parecidos o parecidos? ¿Alguna inofensiva nadería? ¿Aunque sea alguna palabrita menor? ¿Detalles? ¿Detallitos? Detallirrititos? ¿No? ¿Nadie? Bueno. Greg Bear antecede en quince años a Danielewski con una novela que, si no fuera por el largo tramo de guerra, podría considerarse de las mejores de los años ochenta. Casi nada. 

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