martes, 4 de octubre de 2016

Hipotética lista de lecturas para primero o segundo de carrera

Para primero o segundo de Humanidades, se entiende. Puede sonar pretencioso, soberbio, prepotente, altanero, altivo; puede, también, ser una idea, esta de enumerar lecturas para un público universitario, propia de un engreído, de un ególatra o, simplemente, de un chulo barato. Pero al leer estos libros pensé que hubieran ido bien para formarse como lector en esos años. También para cuestionar aquellas primeras convicciones culturales.

CT o Cultura de la Transición (Random House Mondadori, Varios Autores). La crítica central del libro puede sorprender más o menos, puede parecer más o menos superficial, más o menos esclarecedora, pero sin duda, para esos años en los que empiezas a leer suplementos culturales, blogs o escuchas, permeable, a tus amigos, el libro puede ser un estímulo. Puede hacer que al alumno se le despierten las preguntas, que surja su escepticismo. Que vea que, en general, aunque le falten algunos años para recabar sus propios argumentos sobre el tema y poder posicionarse, siempre se agazapa algo detrás de la cultura oficial. Que esté escrito por varios autores también da una amplitud de miras muy conveniente para esos años de formación.

Zona de obras (Círculo de Tiza, Leila Guerriero). Ya escribí un texto sobre el libro. Pero con el corpus estudiantil en mente, la miscelánea obra de Guerriero tiene en su frescura y en su dinamismo, en su contagiosa voluntad de escribir y en sus opiniones, un campo de pruebas en el que un aspirante a crítico o a periodista cultural podrá encontrar argumentos sobre los que posicionarse, y empezar así a construir su propia visión de la cultura, su manera de aproximarse a ella y entenderla. ¿Coincidimos con la actitud de Guerriero ante el oficio?

Mientras escribo (Random House Mondadori, Stephen King). Este libro podría ser una lectura compartida por un curso de escritura creativa (curso que evitaremos a toda costa), y por los integrantes de primero y segundo de Humanidades. ¿Por qué? No tanto para que vean cuál es el proceso de escritura de King, ni la forja autobiográfica de su vocación, ni para que se comparen ni para que se animen a seguir su ejemplo. No. Sino para que opinen. Para que asimilen una experiencia ajena y se posicionen sobre ella. Para que fuercen un poco las entendederas hasta llegar a una opinión argumentada sobre cualquier parte del libro. ¿Qué nos parece el proceso de reescritura de King? ¿Qué opinamos de su fusilamiento a los adverbios? ¿A qué conclusión llegamos después de leer sus opiniones sobre la lectura? ¿Es útil este libro? Da igual la respuesta a estas preguntas. Lo importante es aprender a afilar el argumentario.

Otras inquisiciones (Alianza Editorial, Jorge Luis Borges). Para que uno entre en contacto con la prosa, uno diría que sagrada, de Jorge Luis Borges. Ese es un buen primer motivo para leer este libro. Otro puede ser que, a los dieciocho o diecinueve años, uno puede pensar que tiene un cúmulo de lecturas considerable, y entrar en el laberíntico bagaje cultural de Borges puede ayudar a relativizar el suyo propio, a ponerlo en su sitio. No es que sea crucial, pero es un ejercicio de humildad recomendable. Para ver cómo razona Borges, lo libre que es como escritor (hace lo que quiere), para que veamos que la brillantez, la pura excelencia en la crítica o en la no ficción no es, aunque lo pudiera parecer, y aunque a veces sea, pesada o aburrida: para todo eso va bien entrar en este libro. Se entienda más o menos tras una primera lectura, siempre quedará alguna reflexión de Borges para el futuro.

Entre paréntesis (Editorial Anagrama, Roberto Bolaño). Quizá el mejor motivo para leer esta miscelánea caja de música es la cantidad de potenciales lecturas que podemos extraer de ella. Las reseñas emotivas de Bolaño son, o suelen ser, infalibles. Más si tienes algo menos de veinte años. Así que este libro te puede llevar a leer más libros. Ameno, el libro puede ser un flujo de motivación constante, y el alumno puede hundirse en la personalidad de Bolaño. ¿Cómo es Bolaño como crítico? ¿Qué papel juega la ironía en su quehacer como crítico? ¿Funciona?

La desfachatez intelectual (Los libros de la Catarata, Ignacio Sánchez-Cuenca). ¿Cómo? ¿Pero si ya el subtítulo nos dice que es un ensayo sobre política? Claro. Sobre cómo escriben los intelectuales y los escritores sobre política. Sobre las herramientas que tienen, sobre su actitud, sobre sus reflexiones, sobre las conclusiones a las que llegan, sobre su invasiva presencia en los medios. El libro es una lección maestra de lectura crítica. Sánchez-Cuenca, y con él nosotros, ve más allá de lo expuesto en la prensa. Deconstruye el aparataje vistoso de la intelectualidad más renombrada, dejándolos en evidencia con datos y argumentos, con citas extensas y notas al pie. Es un perfecto ejemplo de lo que significa ser un lector crítico. En este mismo sentido y como festival de lectura crítica y mordaz que es, sería coherente incluir Los demonios familiares de Franco, de Vázquez Montalbán. Vemos en estos libros un despliegue de crítica, de incisión en la mirada, que el alumno de primero o segundo debería incorporar a sus costumbres lectoras.

La mala puta. Réquiem por la literatura española (Editorial Sloper, Miguel Dalmau y Román Piña). Libro delicado. Si me parece recomendable es porque a nadie le deja indiferente el tono del libro. No digo sus conclusiones, sus reflexiones ni sus motivaciones, sino el casi luciferino rencor que transmite. ¿Está bien argumentado? ¿Tiene sentido lo que dicen los autores? ¿Qué nos parece el discurso del libro? ¿El tono de Piña es comparable al de Dalmau? En paralelo, o como lectura complementaria, propondría Trayecto, de Ignacio Echevarría. ¿Ayuda, esta recopilación de lecturas críticas, a forjarse una idea de la literatura española de finales del siglo XX? ¿Podemos hacernos una idea de la poética de Echevarría, de su idiosincrasia como crítico? ¿Sus textos, subsumidos en ese todo, revelan un pensamiento crítico identificable? ¿Nos ha dado alguna herramienta? ¿El tono ha menguado, en alguna ocasión, la calidad de sus razonamientos?

El intelectual melancólico (Editorial Anagrama, Jordi Gracia). Gracia va bien para los alumnos universitarios. Quizá es mejor dejar esta lectura para finales de segundo año, cuando el desánimo pueda haber hecho alguna mella en la vocación escrituraria de los alumnos. Entrará Jordi Gracia con su maquinaria pesada y reanimará al decaído. ¿Es ingenua la actitud de Gracia? ¿Tiene razón? Si la tiene, ¿la tiene por los argumentos que expone? ¿O se pueden añadir más?

No importan estos libros. Pueden ser otros tantos. O tantísimos otros. Lo que importa es la reacción que despierten. Que desentumezcan la capacidad crítica de los lectores, que no los deje indiferentes. Lo que importa es que los estudiantes tengan una opinión bien estructurada sobre el libro, que puedan defenderla críticamente ante otras lecturas opuestas. Que el alumno o la alumna encuentren su propia opinión, su propio criterio lector, y sepan apuntalarlo con argumentos razonados, sensatos y creativos.  Que después de estas (u otras) lecturas sepan leer más allá del texto impreso.