jueves, 8 de enero de 2015

Raymond Carver entra, nos empuja, y se va

Lo peor de todo es que parece que no pase nada. En el primer cuento de ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?, parece que no vaya a pasar nada, que nada sobresalga ni tenga casi consistencia de realidad. Un gordo, una mole de carnes oceánicas entra en un restaurante a comer. A arrasar. Habla de sí  mismo en plural: "Verás, llegamos con apetito". Al llegar a casa, la narradora, que es la camarera atónita, se lo cuenta a un amigo. Y solo le cuenta eso. Que una inmensa, pero enternecedora, bola de sebo, ha entrado, blanda y expansiva, en su restaurante. Con hambre atrasada. Dice la narradora que sus dedos son "largos, gruesos, cremosos". Que resopla cuando habla. Vemos que todo en este tipo es esfuerzo. Es poco lo que cuenta: un tipo gordo ha entrado a comer y ha pedido la cantidad que le es connatural. Pero es algo más. La rareza nos pone en nuestro sitio. Cómo reaccionamos ante esa morbidez, ante esas carnes que se mueven lentas y fofas como si fueran magma. Las juzgamos con severidad porque no son tersas y normales sino blandas y fofas como si fueran magma. La extrañeza irrumpe con fuerza en nuestra cotidianeidad. La clave del cuento es que nos zarandea. En una realidad anodina, llega algo distinto y nos descoloca. Nos cambia en medio de nuestra grisura. Ahí es nada.