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Precipitados, volvieron los aforismos

Debo ser el único que considera que Raúl Arévalo es un actor muy sobrevalorado. 

A veces creo que Isaac Asimov es el Stephen King de la ciencia ficción, y a veces que King es el Asimov del terror. 

¿Qué nos dicen The Florida Project, Lady Bird, Yo, Tonya y Thelma? Pues que las chicas son guerreras. Claro que sí.

En Que dios nos perdone, Javier Pereira -el asesino- le lee a su madre unas bonitas palabras de Miguel Delibes.

Imaginemos que dos críticos escriben sobre la misma novela. Tienen más o menos la misma edad, la misma formación, y gustos y criterios muy parecidos. Pero uno encuentra argumentos negativos para criticar la novela en cuestión, y el otro encuentra argumentos positivos para elogiarla. En ese caso, ¿qué? ¿Quién tiene razón?

Alastair Reynolds podríamos decir que inventó, en The Iron Tactician, la bomba de la paz.

Quentin Tarantino es tan idiosincrásico, tan personal e identificable, que muchas veces pienso en un apelícula en términos de si le gustaría o no. Por ejemplo: Tarde para la ira le encantaría; Brawl in Cell Block 99, de S. Graig Zahler, el director de Bone Tomahawk, le encantaría también. Con sus historias de venganza y su carácter pulp. O Good Time, de los hermanos Safdie. Y así con un buen puñado más. Eso es parte del legado que nos deja.

Se habla estos días de la serie The Terror, sobre una expedición marítima que se perdió en el Ártico. Son historias fascinantes, la de las expediciones en tierras heladas, en mares congelados. Como fascinante es Long Way North, película de animación dirigida por Rémi Chayé. Animación tradicional en medio de una era tomada por las imágenes creadas por ordenador, sí, y también aventura y supervivencia en climas extremos, a temperaturas muchos grados bajo cero.

Ligado al aforismo anterior tiene que ir este sucinto elogio a la última película de Wes Anderson: Isla de perros. ¡Stop motion para decirnos que no todo tiene que ser digital!

Si vemos Muchos hijos, un mono y un castillo, la ópera prima como director de Gustavo Salmerón, como película sobre la crisis, mal vamos. En cambio, si la vemos como retrato afectuoso de un personaje singular, la película sale ganando. Es, imagino, cuestión de perspectivas.

El crítico David Pringle identificó, en las obras de Kurt Vonnegut, un estilo "pretendidamente inocente". Hay que tenerlo siempre en cuenta.

La escritura es un espacio de libertad total. Tienes que hacer lo que te dé la gana.

Hasta aquí los precipitados aforismos de este domingo de lluvia.



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