Una desconcertante biografía de Herman Melville - sobre 'M' de Eric Schierloh
El 24 de enero de 2020 salió este texto sobre M, de Eric Schierloh, en las páginas de United Explanations.
Era -es- una biografía tan desconcertante sobre Herman Melville que casi prefiero llamarla, como digo, entre otras cosas, en el texto, cronología creativa.
Una
desconcertante biografía de Herman Melville
Tratar de reducir un
libro a una única palabra que lo defina es una ingenuidad de considerable
magnitud; pero si esa palabra es collage,
con todo lo que implica de pluralidad, solapamiento y simultaneidad de voces e
intenciones, y la utilizamos como punto de partida para definir M, de Eric Schierloh, no estaremos
siendo tan inespecíficos como podría parecer por lo dicho al principio.
Ganadora en Argentina del primer premio de novela del Fondo Nacional de las
Artes, M, por su naturaleza
poliédrica y escurridiza, también podría haber ganado, con toda justeza, el
premio a mejor biografía o ensayo literario. Todo eso, atomizado y reunificado,
está en lo que yo, sin querer bautizar nada –sino sólo para orientarme mejor en
la propuesta del autor– calificaría de “cronología creativa” de la vida y obra
de Herman Melville.
Cada pequeña tesela del
collage, cada dato, apunte, carta o referencia, es lo que es y la pequeña parte
que le corresponde en el conjunto global, donde adquiere un nuevo significado,
contextualizado y enriquecido. Eric Schierloh, gran conocedor de Melville, ya
tradujo, prologó y seleccionó, hace años, su poesía –Lejos de tierra & otros poemas– y de todos aquellos materiales,
o con todos ellos, ha construido este texto que algunos han calificado de
novela. Desconcertante novela, sin duda (o biografía o cronología). Pero no
creo que sea, de todos modos, tan importante clasificar M ni añadirle los cómodos asideros de un género literario para entenderla
mejor, y sí, en cambio, acercarnos a ella y tratar de entender su propuesta,
ver qué hace y cómo lo hace.
Veamos. ¿Qué hace M? Repasa la vida de Melville pasando
por los datos que se conservan de él, prescindiendo de conectores narrativos a
la manera de las cronologías de siempre. ¿Cómo lo hace? Mezclándolo todo, todos
los datos, y añadiendo pequeñas ficciones. Entonces ¿por qué es, vamos a ver,
desconcertante este texto? Lo es por la intromisión esporádica de una voz
reificadora, que asumimos que es la del propio Schierloh, con sus énfasis
imaginativos brotando de un texto en el que no esperas ver ese tipo de
descripciones. Esperas datos, reflexiones e información acreditada, y, sí,
están ahí, claro, pero te sorprende la colisión entre enfoques, que haya
cronología y ficción a la vez como cuando menciona un paseo que da Melville en
el que “acaso ve en las nubes formas extrañas”. Así consigue mezclar el rigor
del dato con lo sugerente de la evocación. Y también es desconcertante porque
no sabes qué esperar del resultado de esa colisión.
Los materiales con los
que Schierloh ha construido el libro son: el epistolario, no muy extenso, de
Melville, biografías preexistentes, los propios escritos de Melville, diarios,
los apuntes que tomaba en los libros que leía, lo que subrayaba en esos mismos
libros, fotografías, y esos aderezos en forma de conjeturas poéticas, como el
citado ejemplo de las nubes. ¿Estamos ante una novela de no ficción? ¿Ante una elaborada
cronología creativa que incorpora la ficción? ¿Ante un ensayo con ficción?
Porque prima aquí lo ensayístico, claro: el autor ha vaciado su texto de los
elementos de ficción, salvo quizá en esos momentos en los que se permite
recrear un probable estado de ánimo de Melville. Con restos, con retales del
proceso de documentación del crítico o del biógrafo, ha armado, como la creatura
de Victor Frankenstein, este texto de amor melviliano.
Falta, de todos modos,
quizá, discernir cuál es el propósito último del libro. ¿Es el de demostrar que
se puede armar una biografía sin la parte narrativa? ¿Ceder a los hechos, a los
datos, el poder de la narración, y añadiendo unas, como digo, conjeturas
poéticas? ¿Ha querido demostrar el autor que una vida se puede leer de manera
novelesca siguiendo sólo las hendiduras que va dejando en sus contemporáneos?
Puede ser. Pero si es así, ¿qué?
No sé si es una
biografía escrita sin el tejido narrativo que conecte los hechos para darle un
sentido y una lectura particular, o, por el contrario, una sucesión de hechos,
datos y documentos que, en orden cronológico, han creado su propio vértigo
narrativo de novela de aventura. Como cronología creativa sí que es un
hallazgo, M. Quizá, como collage que
es, es las dos cosas a la vez: esqueleto de una biografía, y novela reducida a
sus más puros, constitutivos elementos, vaciada de todo para que añadas tú,
evocador, lo que te suscitan los datos del biógrafo. ¿Nuestra lectura
–complementaria– convierte el esqueleto de esta biografía en novela? ¿O leemos como
biografía una novela construida a base de datos y hechos? Los materiales están
planteados y ordenados de tal manera que tú como lector crees, o escribas, la
novela de la vida de Melville.
Pero no tengo claro si
es ese el propósito del autor. Por eso desconcierta, y ante el resultado no
puedo evitar pensar que, vale, sí, muy bien, pero qué más. Qué más nos quieres
decir sobre Melville, sobre el proceso de escritura o de lectura. Enrique
Vila-Matas, en su crítica para El País,
califica al libro de “artefacto literario inquietante”, y estoy de acuerdo,
pero hay preguntas que no me sé responder aún, y no sé si en el buen sentido. M es atrevida, desacomplejada y justa
ganadora de un premio, no lo cuestiono, pero si al principio decía que es
escurridiza es por estas dudas que siembra sobre sus intenciones y sus logros.
No sé cuál es el aporte de este libro en la bibliografía melviliana. Quizá el
no ser parte de la bibliografía, o el no querer serlo, y apartarse de ello para
ser una novela construida con datos objetivos o casi objetivos. No lo sé.
El libro acaba con un
texto especialmente enigmático en la obra de Melville: el apunte “Daniel Orme”
que se encontró guardado en un cajón junto a Billy Bud, marinero, pero el autor te planta ese texto en la cara,
sin explicación ni contexto, y no queda claro lo que es ni la importancia ni
sugestión que tiene en el conjunto de la obra melviliana. Ahí, la pieza, falla.
No la pieza: la manera, un poco torpe, en que está incluida en el libro.
M es, en definitiva, una lectura, en el mejor de los sentidos, desconcertante, rebosante de Melville, con su osadía y sus fallos, y en la que aprendes cosas que igual no sabías y ves hasta qué punto son dúctiles los géneros, a la vez que te acercas, una vez más, a uno de los dos o tres autores más importantes del siglo XIX norteamericano. Por no decir el más.
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